INFORME: Jovencitas venden caricias por tickets y pulseras

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Cuerpos contorneados e inversión en los mismos, jóvenes universitarias y veteranas se mueven en este espacio.

El lugar donde la belleza define la ganacia tiene sus mañas y como todo negocio, también dificultades. Son las 12 del día y a quien llamaremos ‘Escarleth’, sigue durmiendo en su céntrico departamento en Huancayo. La noche anterior fue ardua y ella descansa. Escarleth atendió a más de 10 clientes y según me cuenta a ellos solo los acompañó a beber – entrerisas dice- “esta vez nada más”.

Los nombres que las trabajadoras adoptan para ejercer su labor y satisfacer, al menos por un momento, a los visitantes al recinto, son ‘curiosos’. Cielo, Azumi, Estrella, Electra, Scarleth y más definiciones de astros las hace llegar a los clientes. “Muy pocas, casi nadie, dice su nombre verdadero”, cita la entrevistada. Por la compañía ofrecida y cada trago vendido al visitante, ellas reciben por parte del mozo una “pulsera de luz colorida o también un ticket”, depende cómo funciona el local. Esta entrega le permitirá a la señorita reclamar el pago del servicio ofrecido.

CIFRAS. En Huancayo funcionan más de 10 nights club. De todos, solo se puede contar con una mano los que tienen autorización para funcionar. En el jirón Giráldez, por ejemplo, funcionan al menos unas cuatro y en la Av. 13 de noviembre otras más.

INVERSIÓN. No toda la belleza que estas trabajadoras poseen se las ha dado la naturaleza. “Muchas se han hecho sus retoques”, dice Estrella. Ella, por ejemplo, se ha aumentado el busto, se afinó el rostro y una liposucción le ha dado la infartante figura que ahora luce. “Desde 800 hasta 4 mil soles se puede gastar en un ‘retoque”, dice.

MENORES. De acuerdo a información ofrecida por la oficina de Estadística de la Policía, el año pasado 19 señoritas han sido captadas por este negocio. Ellas fueron llevadas a los principales mercados como Arequipa, Tacna, Madre de Dios y Cajamarca. Los clientes más frecuentes son trabajadores de minería. Por placer, en una noche pueden gastar hasta mil soles.

GANANCIAS. El ‘bolo’ (ganacias) que cada una de las chicas obtenga dependerá de su atrevimiento para el negocio. “Hay quienes son universitarias, chiquillas que lo hacen -dicen- para cubrir sus pensiones”, cuenta Escarleth. Las que hemos llegado a acostarnos con un cliente por el pago es porque en uno solo se saca la ganacia de varias compañías. Así no te embriagas ni menos terminas cansada, con naturalidad dice ella mientras se lima las uñas, para finalmente retocar sus labios y subir a sus tacones altos que la hacen imponente. Escarleth ya no tiene 18 años. Ella sabe que pasando la base 3 (30 años) el rendimiento baja. Nuevas jóvenes interesadas en el negocio ingresarán y a ella simplemente la van a remplazar. Por eso, ella, quien tiene familiares en la Selva Central, ha iniciado un negocio pequeño que la sontendrá cuando el negocio de su cuerpo no le ofrezca frutos.

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